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Información del Centro Nacional de Comunicación Social AC

Discurso pronunciado por José AlvarezIcaza Manero al recibir el El Premio Nacional de Derechos Humanos Don Sergio Méndez Arceo

Discurso de José AlvarezIcaza MANERO al recibir el Premio Nacional de Derechos Humanos “DON SERGIO MENDEZ ARCEO”

Queridas amigas y amigos todos:

Aquí me tienen azorado, feliz e inexperto, agradeciendo que se les haya ocurrido a algunos excelentes amigos, otorgarme el IV Premio Nacional de Derechos Humanos “Don Sergio Méndez Arceo”. Azorado, porque siempre he considerado que si bien he procurado ser empeñoso en mi trabajo en CENCOS, estimo modestos nuestros limitados esfuerzos. Feliz, porque como dije cuando me notificaron el Premio: “Lo importante del Premio es que se llame Sergio Méndez Arceo”, con quien la Providencia me permitió tejer entrañables relaciones en momentos culminantes de mi vida. Y porque ni en mis mejores sueños se me ocurrió que tendría la enorme alegría de compartir un honor otorgado anteriormente a gente tan admirable en el mundo de los Derechos Humanos, como Don Samuel Ruiz García, Rosario Ibarra, Miguel Concha y Ofelia Medina. Y muy inexperto, porque como notarán de inmediato, no tengo experiencia en la recepción de premios y homenajes, pues la mayor parte de mi tiempo se me va en recibir ataques, calumnias y agresiones, de quienes no quieren que cambien las injustas condiciones de vida en que ahora se desenvuelve la existencia tan difícil de tantos millones y millones de gente.

Muchas gracias, primero que nadie a Dios, Padre, Hermano en Cristo y Amigo en el Espíritu Santo, que pese a mis notorias limitaciones me ha permitido incursionar entre los mejores hombres y mujeres de nuestro tiempo, los que consagran su vida a los Derechos Humanos y los que utilizan para fines tan nobles los portentosos recursos de la moderna comunicación social.
Gracias muy sinceras a quienes integraron el Jurado 1996 y a la Comisión Organizadora del Premio de este año, todos ellos excelentes amigos que pienso me ven ya muy viejo y quisieron otorgarme esta enorme satisfacción, ahora que mi vida comienza a declinar.

Gracias también a mi heroica esposa Luzma a quien se puede aplicar aquello que dicen los boxeadores tras ganar una reñida pelea: “Todo se lo debo a mi manager”. Y gracias a mi admirable familia que ha compartido sustos, pobrezas, tensiones y ausencias de su padre y a quienes no podré dejar ninguna otra herencia que la de mi trabajo, no lucrativo, porque todos nuestros recursos se han ido en apoyar el esfuerzo de CENCOS. Mis hijos y sus amigos se ponen a temblar cuando con cierta frecuencia les digo: “Tengo para ti un encargo fascinante” y lo cumplen con eficacia y no pocas dificultades.

Gracias a quienes me permitieron pasar de la ingeniería civil a una ingeniería humana y social, mucho más difícil, y especialmente a Eduardo Saucedo –mi socio en la constructora que él y yo formamos y que me relevó de mi trabajo ahí y me pagó sueldo durante dos años para que me pudiera dedicar a la formación y expansión del MFC- y a mi tía Doña María Elisa Icaza Vda. de Quiroz, cuya herencia permitió el montaje de CENCOS, así como a mis padres y suegros, cuyas herencias también fueron invertidas en esta exigente aventura de CENCOS.

Gracias a tanta gente que ha pasado colaborando por CENCOS y especialmente al equipo actual, ahora conducido por Emilio mi hijo, que me supera en todo y que voluntariamente escogió entre muchas prometedoras opciones, continuar en los mismos pasos de su padre. Y gracias igualmente a Raquel, su mujer, que así mismo participa de nuestras propias locuras.

Gracias a los pioneros que abrieron el camino de los Derechos Humanos en México, no sólo por su trabajo profético, sino también porque sufrieron los embates consiguientes y pagaron los altos precios que estas labores exigen. Sólo citaré algunos: Rafael Reygadas y compañeros, Rafael Mondragón, Ángel Saldaña y Chela Tapia, que conocieron la cárcel por su solidaridad con Guatemala. A Jaime Fogarty de origen irlandés, solidario con la causa de la liberación irlandesa y latinoamericana. Gracias a los hermanos evangélicos Raúl Macín, Rubén Castañeda, Cesar Pérez, Samuel Trujillo, José Luis Velazco y su esposa Cherry White y tantos otros que también han padecido por la causa de la justicia, todos ellos colaborando y/o cercanos amigos de CENCOS.

Gracias a los periodistas que nos han apoyado siempre y de los cuales ahora citaré sólo tres ejemplos destacados: Pepe Reveles, a quien debimos la excelente colección de fotos en que apoyamos nuestra defensa cuando en las barbaridades lopezportillistas, nuestro centro fue clausurado 45 días por la policía, comandada entonces por el pobre Gral. Durazo en un operativo dirigido por el Mayor Arturo Cisneros quién acabó asesinado entre los policías cuyos cadáveres fueron encontrados en la presa Endó de Tula, Hgo., y a Francisco Gómez Maza, quien por defendernos en aquella ocasión, ocurrió de inmediato a la conocida casona de Medellín 33 y por ello fue a parar hasta la cárcel. Y ahora, últimamente, a Carlos Mendoza, pues gracias a su excelente trabajo de videos en el “Canal 6 de Julio”, logró el difícil récord de que sus oficinas y las nuestras fueran allanadas cuatro veces en sólo dos semanas por agentes misteriosos, a principios de la rebelión zapatista, cuya justa causa apoyamos, aún cuando no compartamos el camino de la vía militar que ellos escogieron.

Gracias a quienes nos apoyaron para reabrir nuestro centro tras su clausura en 1977, por doscientos “bizarros” agentes armados de metralletas y de un equipo de cargadores que se robaron nuestros archivos, luego recuperados merced al apoyo que nos otorgaron Benjamín Laureano Luna, Julio Scherer, Heberto Castillo, del PMT, y el PCM y el PAN, así como Rodolfo Stavenhaguen y Lourdes Ortiz del Colegio de México, todos los directores de periódicos de entonces, Don Manuel Talamás, en esas fechas, Presidente de la Comunicación Social del Episcopado. Gracias a Don Bartolomé Carrasco, verdaderamente Emérito Arzobispo de Oaxaca, y a Clodomiro Siller de CENAMI, y destacados líderes campesinos, obreros y de colonos, etc. A Luis mi hijo que la hizo de notario coyuntural del saqueo de nuestra sede y quien en otro momento descubrió un tesoro en nuestra casa de Tacaba que nos salvó de la quiebra. Así como a su hermano Pablo por su eficaz ayuda como notario auxiliar del saqueo policíaco y ahora como competente asesor en el análisis económico.

Gracias al querido padre José Barón Larios, sacerdote y apóstol indígena en Hidalgo, porque en la madrugada del día siguiente del allanamiento de 1977, estaba entregándonos la primera colaboración económica que recibimos para iniciar nuestra defensa. Y a Félix Zurita que generosamente nos entregó todos los ahorros que hasta entonces había logrado acumular. Y a los representantes de las once etnias indígenas que entonces habíamos apoyado y que se reunieron con nosotros en un pueblito veracruzano para expresarnos su solidaridad, gratitud y apoyo. Y a quienes con ellos han contribuido con sus generosos y oportunos donativos, tanto nacional, como internacionalmente para que nuestra llama nunca se apagara. Y aquí merece mención especial al recientemente fallecido padre Donald Hessler que como le dijo uno de sus más feroces críticos, -de quien luego se hizo fraternal amigo-.

“Tenía los dos más grandes defectos que se pueden tener en un hombre: cura y gringo, simultáneamente”. Pese a su admirable pobreza, siempre nos ayudó cuando suponía que hacía falta que nos ayudara.
Y gracias a los héroes del segundo allanamiento de CENCOS, en 1982 y a Hugo Morales y Chema Cruz que salieron huyendo entonces por los techos vecinos para no ser apresados.

Pero gracias sobre todo a quienes han sufrido en carne propia la represión, las agresiones y a quienes incluso han entregado su vida por la defensa de los Derechos Humanos. Más de una docena de amigos y colaboradores de CENCOS la han entregado en la defensa de los Derechos Humanos: Augusto Cotto, los seminaristas bautistas nicaragüenses, Camilo Torres y Mons. Oscar A. Romero, Alex Morelli, O.P., el padre Conrado de la Cruz, los seis dirigentes del FDN de El Salvador, Jorge Pinto y Pedro Guzmán periodistas en esta zarandeada nación, el querido Guayo Arroche, quien nos acompañó al concilio en Roma a Fausto Hernández y a los doce colaboradores de CENCOS encarcelados en el primer allanamiento policíaco de nuestra sede.

Ahora, especialmente pedimos apoyo para los defensores de los Derechos Humanos en la Huasteca Veracruzana, para Chava y Oralia, ejemplares luchadores sociales en Hidalgo con SEDAC y COVAC quienes sufren los embates del actual gobernador Jesús Murillo Karma. Se trata de la misma persona que presidió un secuestro frustrado que se me tendió en una trampa cuando acudía en defensa de los campesinos e indígenas de Atlapexco, ¡Dios tenga en su gloria a Blas y al “Chino” que encabezaron este atraco y que ya pasaron a la otra vida. Así mismo estamos empeñados en luchar contra la aprobación de las leyes fascistas propuestas por México y a la reducción de la edad penal los 16 años.

Y gracias también por el sacrificio heroico reciente de las víctimas de Aguas Blancas y Tepoztlán. ¡Que atinado fue premiar ahora al P. Filiberto González, párroco de Tepoztlán con el Premio Estatal Méndez Arceo 1996.
A continuación quiero hacer un especial recuerdo de uno de mis motivos más grandes de orgullo: mi amistad con Don Sergio Méndez Arceo, quien siempre se me aparecía cordial, recto, exigente, amoroso, lúcido, fiel, consecuente y apasionado.

Me lo encontré cuando apoyo la fundación de Movimiento Familiar Cristiano (MFC) en Cuernavaca. Entonces era aún más reaccionario que yo, pues en sus propias palabras decía: “parece mentira pero entonces la fe exigía ser contrarrevolucionario”,… pero siempre tuve una lucha –nos comentó-, entre mi prudencia conservadora y mi espíritu inquieto y original”…”los seminaristas me tenían miedo”… “aquel obispo tan alto al que habían de tratar de excelencia y que les obligaba a llamarle de usted”…

Vinieron después la reforma de la Catedral de Cuernavaca, la reforma de la Liturgia, la apertura del CIDOC en Cuernavaca y el Monasterio Benedictino del prior Gregorio Lemercier. Providencialmente en todo ello me tocó participar en alguna manera: En el MFC estábamos ya haciendo pininos semiclandestinos, de reforma litúrgica a partir del concepto de familia, como Iglesia Doméstica, cosa que luego canonizó el Concilio. Y entonces era un oasis acudir con mi familia y amigos a la misa dominical de mariachis en la Catedral restaurada de Cuernavaca. Ya no tenía nada que ver con la obsoleta catedral en que oímos misa mi mujer y yo en nuestro viaje de luna de miel de 1947. También gozabamos cuando acudíamos a la renovada liturgia del Monasterio de Meaux y luego desayunábamos ahí chocolate en agua y un bolillito.

Nos tocó también apoyar la instalación de CIDOC y de Iván Ilich en Cuernavaca y ya como miembro del Consejo de los Laicos en Roma, junto con Mons. Menaguer, un lúcido obispo francés, -ahora Arzobispo Emérito de REIMS- lograr el levantamiento del interdicto impuesto contra CIDOC.
Y en cuanto a Don Gregorio Lemecier, sólo diré que tras disfrutar de su apertura litúrgica y monástica, cuando el Concilio, en nuestro telex instalado en Roma, nos prohibió Mons. Abascal mencionar la “palabra” que acababa de pronunciar Don Sergio en el Aula Conciliar: ¿Cuál palabra preguntamos nosotros?. -¡La palabra “psicoanálisis”!- nos contestó Don Emilio. Y en tanto, para que no hubieran dislates de nuestra parte, doce sacerdotes actuaban como censores eclesiásticos en las oficinas de CENCOS, para filtrar ahí de cualquier contaminación, las informaciones que mandábamos desde nuestro telex instalado en Roma, en la Casa Conciliar de la Familia. ¡Que tiempos aquellos, queridos amigos!...

Y precisamente con motivo del viaje del Cardenal Decano Eugene Tisserant y del Concilio Ecuménico Vaticano II, fue que se fundó CENCOS, el primer centro de su tipo en el mundo según el modelo propuesto por el Concilio.

Y seguimos también a Don Sergio en la promoción de la Santa Escritura y de la Biblia y del Ecumenismo en tiempos del inolvidable Juan XXIII, etc., etc.

En el concilio Ecuménico Vaticano II al que acudíamos como “auditores laicos” mi mujer y yo, -pese a que el concilio se desarrollaba en latín, lengua que no dominábamos- tuvimos entonces oportunidad de alternar más con Don Sergio. Tanto, que un obispo amigo se acercaba y nos decía: “Tengan mucho cuidado con Don Sergio, porque tiene “pasta de hereje”. Y prudente, añadía:

“No digo que lo sea, pero si que tiene “pasta de hereje”. Y este hombre “hereje”, polémico y alegre, a quien encontrábamos en Roma manejando su modesto Fiat, asistiendo a cuanta conferencia y librería encontraba a su paso, en su insaciable amor a la Iglesia y en su nunca apagada sed de cultura, nos apoyó siempre, en todo momento, incluso cuando según dijo, “Luzma le mentó la madre a los cardenales”…

Pero en su tiempo el Concilio consagró todos los planteamientos de Don Sergio y lo que nosotros veníamos anhelando ya desde el MFC.

Y cuando en el aula conciliar se aprobaron 23 de los 25 modos propuestos para el Esquema XIII, -luego Constitución Pastoral de la Iglesia y el Mundo de Hoy- Don Sergio era el obispo mexicano más alborotado por la aprobación de los “modimexicani”, junto con otro arzobispo muy conservador a quien quise entrañablemente: Mons. Navarrete Arzobispo de Hermosillo y otro prelado también admirable, el ex –cristero Mons. Del Valle, obispo de Tabasco.

Nos volvimos a encontrar con Don Sergio en la Asamblea Episcopal de Medellín, Colombia. Yo estaba dentro, como miembro del Consejo de los Laicos. Y para mi vergüenza, Don Sergio permanecía afuera, puesto le permitieron el acceso ya que no habían votado por él sus hermanos del episcopado para que fuera delegado… Y también nos lo encontramos defendiendo a los estudiantes presos tras el Movimiento de 1968. Recuerdo que entonces tuve la entrevista más emocionante de mi vida, en la cárcel de Lecumberri: Los entrevistados eran centenares de muchachos presos, entre ellos entrañables amigos. Los entrevistadores éramos solamente dos: Elenita Poniatowska y yo, sentados rodeados de los presos en sendos botes alcoholeros utilizados como asientos.

Y luego, debimos apoyar a Don Sergio ante los nuevos ataques de Fidel Velásquez, de quien no entendemos por qué el Señor no lo ha llamado todavía a gozar de su eterna gloria. Quizá –desde mi perspectiva- le esta dando tiempo para que se convierta de sus múltiples pecados en contra de los obreros mexicanos.

Y volvimos a encontrar a Méndez Arceo en las memorables jornadas de Santiago de Chile, cuando el Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo y en la III UNCTAD, también ahí celebrada en los mismos días. En éste Don Sergio era el único obispo asistente. Y con su habitual buen humor comentaba riendo: No es la primera vez que me encuentro que soy el único obispo presente en un evento internacional. Una cosa semejante me ocurrió cuando asistía a una reunión sobre música sacra en España… Como yo era entonces miembro del Consejo de los Laicos, por la mañana asistía al Encuentro de Cristianos por el Socialismo, y en la tarde, integrado en la delegación del Vaticano, a las sesiones de la III UNCTAD, lo cual por cierto descontrolaba a algunos periodistas. ¡No se pueden ustedes imaginar como lucía Don Sergio en las entrevistas de prensa que me tocó organizar para cerca de 200 periodistas que cubrían ambos eventos!. Por cierto que al regresar de Chile, unos cafres bañaron con tinta roja a Don Sergio a quien tachaban de “obispo rojo”. Y para no decepcionar a sus agresores, el obispo de Cuernavaca ofreció en su catedral al domingo siguiente, con unos ornamentos también manchados de plastas rojas. Fue entonces cuando una persona que dijo era mi “tía María” telefoneó a mi casa para pedirle a Luzma mi esposa me dijera que, por favor, me cambiara de apellido. Porque estaba desprestigiando a los parientes, al afirmar en la prensa que eran unos cafres los que habían manchado de tinta roja a Don Sergio ( !!! ). Conservé siempre como un secreto sagrado, las barbaridades que me confió Don Sergio debió sufrir entonces de parte de sus encarnizados detractores.

Nuevamente nos encontramos con Don Sergio en ocasión de la Carta de Anenecuilco a los candidatos presidenciales. Documento memorable que abrió nuevas pistas en las relaciones tan conflictivas de la Iglesia y en Estado de México. Estas fueron definidas por mi buen amigo Raúl Medina Mora como “las excelentes relaciones clandestinas de una Iglesia Ilegal con un Estado Excomulgado. Cuando sus viajes a Cuba y Nicaragua. Cuando excomulgó a los torturadores de cuyos crímenes teníamos palpable evidencia en los archivos de CENCOS. Cuando su debate y conciliación con Don Octavio Marques y Toriz, Arzobispo de Puebla. Cuando el 17 de abril de 1981 decretó la excomunión para los torturadores. Cuando lo aprehendieron en Riobamba, Ecuador en la reunión organizada por Mons. Leónides Proaño. Cuando alborozada y feliz, la gente lo recibió en su Nueva Catedral abierta en San Pedro Mártir, que le brindara ese cura maravilloso que se llama Chucho Ramos. En SICSAL, -consecuencia del Primer Encuentro de Solidaridad Internacional Cristiana Latinoamericana, que a nosotros nos tocó organizar. Cuando la firma de los Acuerdos de Paz en el Castillo de Chapultepec. Ahí si le correspondió –y bien ganado por cierto-, estar dentro a Don Sergio, en tanto que yo estaba en la valla tras los soldados vitoreándolo a él y a sus amigos. Y todavía poco antes de morir estuvo en mi casa para darnos sus últimos consejos acerca del amor que todos los católicos debemos al Papa.

Quiso el Señor también, permitirme estar entre los primeros pocos que adoloridos acompañamos a Don Sergio recién fallecido. Constaté el dolor del pueblo por su pérdida y cómo lo expresó cuando lo trasladó a Coatepec con música, llanos, flores y pañuelos blancos despidiéndolo. Viví la pena que embargaba a amigos tan cercanos como Luis Suárez y Alfredo Domínguez. Y fui testigo de su inolvidable y apoteótico entierro en su tan querida catedral restaurada. Pero todavía sin su sepulcro concluido, cosa de la que ha hecho motivo de su vida el querido arquitecto Luis Padilla.
Y cierro estos gratos recuerdos, narrando sólo tres anécdotas de sus relaciones con mi familia: En una ocasión comiendo en mi casa con mi madre, dijo Don Sergio: -“¡Pepe, que te parece que escándalo. Antes el gobierno regalaba tres carros flamantes cada año, uno al Delegado Apostólico en México, otro al presidente de la Conferencia Episcopal y un tercero al Arzobispo Primado de México. Pero ahora que trasladaron a Mons. Luigi Raimondi a Washington, como Delegado Apostólico, a él también le regalan otro carro!. Y dirigiéndose a mi mamá, le preguntó: ¿Qué opina Ud. Señora?. Y mi madre, como buena católica tradicional contestó tímidamente. – Pues a mi me parece muy bien Señor Obispo porque revela espíritu cristiano en los gobernantes. Y entonces estalló Don Sergio. -¡Pero cómo que muy bien!. Si eso es captación, corrupción y chantaje!... – Y ella contestó humildemente: -¡Ah vaya, no me había dado cuenta, pero si usted lo dice!. Minutos después me pidió mi madre. -¿Puedes salir un momentito conmigo?. Y ya fuera del comedor, me comentó: ¡Qué haré con este Señor Obispo tan adelantado. No hago más que meter la pata y todo lo que digo le parece pésimo!. Al regresar a la mesa, fue Don Sergio quien me pidió hablar a solas conmigo. Y ya fuera me dijo: -¿Qué haré con su mamá, todo lo que digo parece que la escandaliza?. - ¡Pues eso mismo me acaba de comentar ella, le respondí!. Y así seguimos ya todos comiendo muy contentos, respetando unos y otros las opiniones de cada quien. ¡Así fue la cosa en esos primeros momentos en que se iniciaban las aperturas…!

En otra ocasión a Emilio mi hijo de apenas cinco años, quien se acercaba a acompañar a la comunión un amigo sacerdote americano, éste instó a Emilio a que recibiera de manos de Don Sergio, así nomás, su primera comunión. Quizá por esto, Emilio pudo luego imitar tan a la perfección la voz de Méndez Arceo en el espléndido video en que el Obispo de Cuernavaca comenta su vida, su muerte y su entierro, texto ahora impreso en el excelente folleto recopilado, por mi buen amigo Moisés Hernández Zamora y editado por el benemérito Centro de Encuentros y Diálogos, A. C. de Cuernavaca.

Finalmente, de todos mis hijos, -la mayoría que viven ahora por Tlalpan- tienen ocasión de recordar a Don Sergio cuando ven la placa que conmemora en una casa de esa delegación, que ahí nació ese hombre excelente.

Para no aburrirlos, preferí entregar por escrito un informe al Comité del Premio con una relación sintética de algunas de las cosas que en CENCOS han ocurrido en el servicio a favor de los Derechos Humanos. Ahora en estas palabras, sólo quise dar un testimonio personal de algunos hechos que han enriquecido mi vida tan bendecida por tantos favores del Señor. Pido disculpas por todos mis abundantes errores y omisiones y principalmente por las cometidas en esta síntesis tan apretada. Pero como les dije al principio, espero sepan perdonarlas por mi falta de experiencia en este tipo de homenajes.

Y a todos ustedes, que fueron tan amables y gentiles de querer acompañarme en este evento tan importante para CENCOS y para mí, también las gracias más rendidas y sinceras. Y a tantos y tantos que me han hecho llegar cariñosas felicitaciones: Parodiando al poeta Pablo Neruda, yo puedo decirles: ¡Juro que he gozado mi vida!. ¡Arriba Don Sergio!

Cuernavaca, Mor. Sábado 20 de abril de 1996

José ÁlvarezIcaza Manero