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Información del Centro Nacional de Comunicación Social AC

Estrictamente personal-Raymundo Riva Palacio

Estrictamente personal

Raymundo Riva Palacio

11 de junio de 2007

http://www.eluniversal.com.mx/columnas/65674.html

El agitado debate sobre la ley de medios sólo prueba que, en materia de modernidad, los mexicanos seguimos aferrados al Paleolítico

H ay tanta molestia acumulada entre la clase política contra Televisa y Televisión Azteca, que el fallo de la Suprema Corte de Justicia que revocó los artículos más controvertidos de la Ley Federal de Radio y Televisión generó la celebración que merece una victoria épica. El festejo del puntapié contra el duopolio televisivo borró por completo la consideración que la anulación de ellos regresa, por cuanto a la vieja lucha por la transparencia en la asignación de concesiones, al régimen contra el cual se luchó por décadas, el que da discrecionalidad al Ejecutivo para entregarlas en materia de radio y televisión, y que el objetivo de que entren nuevos jugadores a esos terrenos, sufrió la renovación de los viejos obstáculos.

Pero esto era secundario porque la discusión de la llamada ley Televisa no fue realmente un asunto técnico sino eminentemente político, de principio a fin.

Un punto fundamental que fue rechazado por la Corte, el de impedir que las televisoras pudieran utilizar sus concesiones para dar de telecomunicaciones, lo que es parte del proceso que se conoce como la convergencia tecnológica, ha sido enormemente aplaudido, con la poca disimulada sonrisa que el golpe le pega al corazón del duopolio. La enorme carga cultural que han significado las concesiones en la historia política del país desató el júbilo de muchos.

Que exista una contradicción entre esa alegría y las razones mismas que la animan es parte de lo reduccionista de un debate que, por más agitado y emotivo que haya sido para muchos en la Suprema Corte de Justicia, no deja de ser, francamente, anacrónico.

Atrapados en el pasado de las concesiones, seguimos girando nuestro futuro en ellas. Pero las concesiones de radio y televisión, por más importancia que puedan tener en este momento, están perdiendo su validez estratégica como instrumentos de negocio y vehículos de comunicación, y aceleran su paso para convertirse no en la razón de ser del todo, sino en una salida más de un mundo digitalmente revolucionado que está cambiando patrones de consumo de información en el que los viejos paradigmas mexicanos de la política (control gubernamental), y del negocio (entregar los espacios informativos al gobierno en pago a la caja registradora abierta que les prestó por largo tiempo) están a punto de ser un capítulo de la historia.

Aferrarse a la discusión sobre quién se queda o no se queda con las concesiones, y por cuánto tiempo, es ocioso y, por mucho, desviado de donde debería de enfocarse el debate nacional.

Por si no se han dado cuenta muchos en México, la televisión abierta y la radio están profundamente heridas en el nuevo mundo digital. Un reciente estudio realizado por la empresa Harris en siete países, demostró que en cinco años, la información será obtenida a través de internet, desplazando a la televisión abierta. Un informe presentado la semana pasada en Sudáfrica durante el congreso anual de la Asociación Mundial de Periódicos subrayó que la televisión dejó de crecer ante el incremento de usuarios de internet o de televidentes por cable y satélite. De hecho, precisó el reporte, el año pasado 36% de los televidentes en el mundo se mudaron a internet y 48% dijo que en el próximo futuro, lo más común para obtener información gratuita, hoy obtenida en la televisión abierta y la radio, será internet, y 11% a través de dispositivos móviles.

En México los datos son menores que en otras partes del mundo, pero aun así se puede argumentar que cerca de 70% de los jóvenes entre 15 y 29 años tienen en internet su mejor vehículo de comunicación. Adultos y jóvenes se están mudando de la radio y la televisión a otros sistemas multimedia, al haber abolido la anquilosada dictadura de los medios de comunicación que entregaban la información en un formato rígido, imponiendo jerarquías sobre contenidos y tiempos finitos para que accedieran a ella. Hoy, los consumidores quieren la información en los formatos que desean, en el momento en que se les antoje, y en función de sus necesidades informativas.

En este nuevo ciclo de información la radio y la televisión pueden llegar a ocupar la atención, combinados, quizás de una séptima parte del día, muy cercano al tiempo que se le dedicará a los periódicos, pero muy lejos de la interacción a través de internet y de teléfonos celulares, iPods, iPhones —teléfonos multimedia que pondrá en venta Apple el próximo mes—, u otros dispositivos electrónicos móviles.

En el reciente cierre de la señal abierta de Venezuela de Radio Caracas y Televisión, la empresa empezó a transmitir sus noticiarios a través de YouTube, y la forma como los venezolanos se comunicaron las noticias y movilizaron las protestas, fue a través de celulares. Las imágenes más dramáticas de cualquier acontecimiento ya no la generan los medios, sino la gente, que son utilizadas luego por todos los medios.

¿Qué es lo que está diciendo esta tendencia? Algo que en el mundo anglosajón es una máxima: el rey es el contenido. Es decir, la plataforma de distribución más importante para esos contenidos será la más accesible para un consumidor en el momento en que desee conectarse con el mundo de la información.

Los medios en el mundo, principalmente los impresos, no están preocupados por tener televisión, y de hecho algunos, como The New York Times, vendió sus canales para inyectar los recursos a internet. La tendencia global es tener información 24 horas al día, siete días a la semana en plataforma multimedia, sobre todo internet y los móviles. The Daily Telegraph, el periódico inglés que se mudó innovadoramente a una plataforma multimedia en el último año, está transmitiendo videos que le significan 500 mil visitas mensuales a su portal. En Singapur, el periódico Strait Times inició el año pasado un portal llamado Stomp, con videorreportajes y música, que en los primeros seis meses de operación tenía 300 mil entradas al día a su portal. “La migración de lectores y usuarios no tiene que ver con las plataformas, sino fundamentalmente con contenidos”, dice Juan Señor, uno de los directores del grupo consultor Innovation, que es uno de los más importantes del mundo.

Las audiencias de televisión abierta van cayendo en el mundo. En Estados Unidos, las cadenas están enfrentando el reto de internet al transmitir sus series más exitosas a través de online, con un costo adicional al usuario, reflejando la creciente tendencia que la gente, ya sea por internet en esos casos, o en televisión por cable y satelital, está dispuesta a pagar por contenidos a cambio de no tener anuncios. La televisión, un medio efímero e instantáneo, no está pudiendo contra la revolución digital, que es intensa y permite múltiples cruces de referencias. Podría parecer curioso que mientras en México hay intensos debates sanguíneos sobre una ley de medios que se centra en las concesiones y en cómo frenar la convergencia, en el mundo ya no hablan de concesiones ni se les ocurre frenar la convergencia, porque eso sería como remontarse al Paleolítico. Pero no es extraño que eso suceda en México, donde solemos llegar bastante tarde a la modernidad.

rriva@eluniversal.com.mxr_rivapalacio@yahoo.com