El Ejecutivo y otro modo de ser humana y libre
Liz Sánchez Reyna (*Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local, A.C.)
Fuente: La Jornada de Oriente
Méixco D.F., 1 de agosto de 2007 (Cencos).- Lleno de obstáculos ha sido el caminar en la historia para las mujeres, pero sorteando esas estructuras externas (e internas) hemos venido reconstruyendo y construyendo nuevas realidades. Cuando hablamos de nuestros derechos, de nuestra dignidad y de las personas completas que somos capaces de ser, hablamos de algo que nos pertenece y que nos ha sido arrebatado por no sé qué confusión cultural asentada en esquemas instalados sobre las diferencias sexuales.
Los derechos humanos en general son un conjunto de facultades que en cada momento de la historia concretan las exigencias de vivencia de la dignidad, libertad e igualdad. Así, en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres, ha habido avances a lo largo del tiempo mediante denuncias, protestas y propuestas, con una diversidad de expresiones y con una serie de consecuencias…
En ese sentido, una mujer que a través de la filosofía, de la poesía, de la prosa y de sus diversas acciones en el campo de participación pública y académica ha aportado a esta lucha sentando bases es Rosario Castellanos.
En pocos días hará 33 años de su muerte, mientras su vida nos resuena por dentro. La tensión que da la lucha interna por reconocerse como ser con derechos, pero lidiando con un contexto hecho para hombres, y sin embargo no dejándose aplastar por él, desde sus relaciones más inmediatas como con Ricardo o con su hijo Gabriel, se asoma en sus cartas, en sus escritos con una apasionante entrega, sabiendo que "debe haber otro modo (…) Otro modo de ser humano y libre…".
Rosario nos enseña a reconocernos, a enfrentarnos, a transformarnos, a verternos desde el corazón con todas las contradicciones posibles, pero caminando, siempre caminando, transformando nuestras ideas y, por ende, nuestra realidad. Además de la sensibilidad que trasmite ("…he amado / Más allá de mi boca y sus palabras / del nudo de mi sexo atormentado") y su ánimo de transformación interna y social ("Abre tu puerta y oye / alguien tiende los brazos y te llama / Es el mundo que pide su rescate") Rosario Castellanos evidenció, como muchas otras, pero con una agudeza particularmente extraordinaria y con un aporte necesario en nuestra historia mexicana, la situación de discriminación en que nos encontramos todas las mujeres: el sexismo instalado que desvalora y nos coloca en desventaja.
Precisamente la cerrazón de la sociedad y gobierno frente a situaciones de injusticia y, en particular, situaciones que se desprenden de pensamientos anacrónicos donde se cree que el ser hombre está por encima del ser mujer, trae como consecuencia invisibilizar situaciones de violencia patentes.
Tal es el caso de la trata de mujeres para la prostitución, realidad que se vive en nuestro entorno y que, como en su momento lo fue la violencia familiar, se le pretende desplazar de lo que es: un problema público, donde además social y legalmente la sancionada resulta ser la víctima, con los estigmas que resurgen hacia las mujeres.
Así, sigue pendiente la aprobación del delito de trata de personas en el Congreso, y mientras el gobernador se obstina en minimizar la problemática de trata de mujeres y menores para la prostitución, al tiempo que la Procuraduría del estado le hace eco sin vacilar.
Es inaceptable que el Ejecutivo siga en la misma posición. Incluso el dirigente estatal del PAN contradice con acierto las declaraciones del gobernador albiazul, tan es así que confirmó que Tlaxcala es un centro de operaciones para las redes de tratantes, y que realizarán en próximos días en la sede estatal de ese partido una reflexión y discusión al respecto. Necesaria por lo demás, ya que muestra que hay un acercamiento a la realidad
del estado que tiene que ser abordada.
La trata de mujeres para la prostitución es un claro ejemplo de discriminación y violencia hacia la mujer. Un claro ejemplo de cosificación de nuestro sexo, de nuestro ser. Esta situación no puede ser más minimizada.
Esta cultura que invisibiliza la violencia hacia la mujer es, sin embargo, producto de la sociedad en su conjunto, de hombres y mujeres que quizá sabemos que algo no está marchando bien, que hay injusticias evidentes, pero que no terminamos de entender que, como nos dice Rosario Castellanos: debe haber otro modo de ser, otro modo de ser humana y libre.
Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos



